Los habitantes de Lisboa están hartos de convivir con su aeropuerto pues aseguran que es una céntrica fuente de ruido, contaminación y malos olores que hace insoportable la vida en gran parte de la ciudad, especialmente desde el fin de la pandemia.
Los habitantes de los barrios del norte de la capital están recogiendo firmas para reclamar el cierre definitivo de la terminal, después de que el Gobierno prohibiera este mes los vuelos nocturnos, una medida con poco impacto ya que la mayoría no opera de madrugada.
Sérgio Morais, vecino del barrio de Alvalade, es uno de ellos. Su casa colinda con el aeropuerto lisboeta Humberto Delgado y desde su salón es posible ver y escuchar aviones pasando cada 10 minutos.
Ruido
«Pero eso no es lo peor,» admitió a la agencia de información EFE, entre el ruido de despegues y aterrizajes debe dormir con tapones en los oídos, pese a instalar cristales dobles en las ventanas de su dormitorio.
“También están la polución y el olor a combustible, que de un tiempo a esta parte se notan cada vez más”, subrayó el vecino, que todos los días a mediodía sufre el ensordecedor aterrizaje de un Boeing 777 procedente de Emiratos Árabes Unidos (EAU).
El Humberto Delgado opera vuelos durante todo el día ?tan solo interrumpe el servicio entre la 01:00 y las 04:00? y es uno de los pocos aeródromos de Europa donde los aviones sobrevuelan la ciudad durante sus maniobras de aproximación.
Cuando el aeropuerto se inauguró en la década de 1940 estaba en la periferia de Lisboa pero, con su expansión, la ciudad ha acabado engulléndolo.








