Donald Trump, próximo a tomar posesión como 47° presidente de Estados Unidos no ha dejado de sorprender con su persistente fijación por Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca.
Desde su primera presidencia, cuando propuso comprar la isla —recibiendo un rotundo “no” de Dinamarca—, hasta sus recientes declaraciones como presidente electo de Estados Unidos, Trump ha intensificado su retórica, ahora sugiriendo incluso el uso de la fuerza para tomar control del territorio.
El martes durante una conferencia de prensa en Mar-A-Lago, Trump reiteró sus ambiciones de anexionarse Groenlandia y el Canal de Panamá, argumentando razones de “seguridad económica”.
Cuando se le preguntó si descartaba acciones militares, respondió que no podía hacerlo. Este tipo de comentarios han generado indignación internacional y desconcierto en la Unión Europea, que ve en sus palabras una amenaza no solo a la estabilidad regional, sino al principio de inviolabilidad de las fronteras que sostiene el orden mundial desde la Segunda Guerra Mundial.
Reacciones globales
Olaf Scholz, canciller de Alemania, calificó las declaraciones de Trump como una amenaza directa al principio de inviolabilidad de las fronteras, un pilar del derecho internacional.
“Este principio se aplica a cualquier país, grande o pequeño”, declaró Scholz en Berlín, haciendo una comparación implícita con la invasión de Rusia a Ucrania.
Añadió que cualquier intento de modificar las fronteras mediante la fuerza, independientemente de quién lo intente, debe ser condenado de manera categórica. Scholz también destacó que estos comentarios podrían generar tensiones adicionales en un momento ya delicado para las relaciones transatlánticas.








