En el marco de la Semana Mundial del Espacio, astrónomos dieron a conocer un hallazgo que podría ampliar el conocimiento sobre la formación de los sistemas planetarios: un exoplaneta conocido como “planeta Fénix”, que aparentemente se originó a partir del material expulsado por una estrella durante las últimas etapas de su existencia. El descubrimiento representa una nueva evidencia de que la muerte de una estrella no necesariamente impide que surjan nuevos mundos a su alrededor.
El objeto celeste se encuentra en órbita alrededor de una enana blanca, el remanente compacto que queda después de que una estrella agota su combustible y atraviesa las últimas fases de su evolución. Los investigadores consideran que el planeta pertenece a una categoría conocida como planetas de segunda generación, debido a que su formación habría ocurrido después de la muerte de la estrella que ahora orbita, a diferencia de la Tierra y otros planetas que surgieron durante las primeras etapas de sus sistemas.
De acuerdo con la investigación publicada en la revista científica Nature Astronomy, el planeta es un gigante gaseoso que podría tener un tamaño ligeramente superior al de Júpiter. Su sistema se encuentra a unos 250 años luz de la Tierra, en las proximidades de la constelación de Cetus, y ofrece a los científicos una oportunidad excepcional para estudiar cómo puede organizarse la materia después de la evolución de una estrella.
Una de las características más relevantes del hallazgo es la cercanía entre el planeta y su estrella anfitriona. El cuerpo celeste completa una órbita en aproximadamente 4.4 días y se encuentra a una distancia equivalente a cerca del cuatro por ciento de la separación entre la Tierra y el Sol. Debido a esta proximidad, la intensa radiación ultravioleta de la enana blanca provoca que parte de la atmósfera exterior del planeta se evapore, y una fracción de ese material termina cayendo sobre la estrella.
Las pistas sobre su origen provienen de la composición química detectada en el sistema. Los científicos identificaron elementos como niobio, cobre y zinc, asociados con procesos que ocurren en estrellas durante las últimas etapas de su evolución. Estas características respaldan la hipótesis de que el planeta se formó a partir de un disco de material expulsado por la estrella moribunda, que posteriormente se agrupó hasta dar origen a un nuevo cuerpo celeste.
Para desarrollar el estudio, el equipo científico recurrió a observaciones de telescopios espaciales como Hubble, TESS y FUSE. Los investigadores esperan utilizar también el Telescopio Espacial James Webb para profundizar en el análisis y confirmar sus conclusiones. Aunque anteriormente se habían identificado posibles planetas de segunda generación alrededor de púlsares, el nuevo hallazgo constituye el primer ejemplo identificado de formación planetaria alrededor de una enana blanca.
Aunque las condiciones del planeta Fénix no parecen compatibles con la vida, el descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la evolución de los sistemas planetarios. Los especialistas consideran que, bajo determinadas condiciones, podrían formarse planetas rocosos alrededor de enanas blancas que, conforme se enfrían, lleguen a mantener regiones potencialmente habitables durante periodos prolongados. De confirmarse otros casos similares, los astrónomos podrían comprender mejor cómo la materia expulsada por estrellas en sus etapas finales puede convertirse en el origen de nuevos mundos.





