Haití alcanza hoy otro hito sombrío ya que el número de personas que sufren hambre aguda representa ahora a la mitad de la población del país, según el último análisis de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF).
Mientras Haití sigue luchando contra una crisis de seguridad, 5,4 millones de personas luchan por alimentarse a sí mismas y a sus familias todos los días, lo que representa una de las proporciones más altas de personas en situación de inseguridad alimentaria aguda en cualquier crisis mundial.
De ellas, dos millones se encuentran en niveles de emergencia de hambre (fase 4 de la CIF), enfrentando escasez extrema de alimentos, desnutrición aguda y altos niveles de enfermedades.
Según el último informe de la CIF, al menos 6.000 personas desplazadas que viven en refugios temporales en la capital de Haití tras huir de sus hogares padecen ahora niveles catastróficos de inseguridad alimentaria (fase 5 de la CIF). Esto significa que estas personas se enfrentan al hambre, la muerte, la indigencia y a niveles extremadamente críticos de desnutrición aguda.
Hambruna
El último informe de la CIF comprende de agosto de 2024 a febrero de 2025 y fue publicado por la Coordination Nationale de la Sécurité Alimentaire (CNSA) de Haití, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) de las Naciones Unidas. El informe brinda una escala común para medir la gravedad y la magnitud del hambre aguda.
Dado que más del 75% de la población haitiana con mayor inseguridad alimentaria vive en zonas rurales, proporcionar a los hogares afectados por la crisis -en particular a los desplazados internos y sus comunidades de acogida- un apoyo agrícola de emergencia oportuno y eficaz es una solución rentable para que puedan producir rápidamente sus propios alimentos, declaró Mario Lubetkin, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.
Las agencias humanitarias de alimentos y las ONG en Haití necesitan US$ 230 millones para implementar programas hasta fin de año, mientras que las familias desplazadas sufren de hambre por el aumento de la violencia. Las organizaciones humanitarias siguen teniendo dificultades para ingresar a las comunidades en zonas controladas por grupos armados.








